Carta de un otaku a su madre

Madre sé que no te he ayudado mucho en las labores del hogar últimamente, pero debes entender que tengo que acabar de ver el último episodio de Bakuman cuánto antes, para luego en la noche, poder meterme a la página y comentar con mis colegas, cuál me pareció la escena que menos se parecía al manga y, por supuesto, rajar de que los openings ya no son cómo antes, ahora pura canción afeminada les ponen.

Sí sé madre que me quedo hasta tarde (o mejor dicho temprano. Efectivamente, me meto a la cama cuando tu estas yendo a comprar el pan para el desayuno) descargando capítulos en calidad Blue Ray de Karekano (claro mami, yo también tengo mi corazoncito), y sí se madre que te he malogrado tus mejores manteles para armarme el cosplay de Saiyaman (sí, sí ese con el que fui vestido la otra semana que te acompañé a cargar los víveres en el mercado).

También madre sé que el hijo de la vecina ya está trabajando y ganando un sueldo de cuatro cifras, pero dime: ¿Acaso él sabe en qué fotograma exacto Freezer mata a Vegeta? ¿Acaso él puede recitar los primeros 150 Pokemones sin el rapcito ese? ¿Acaso él puede imitar las técnicas de espada de Kenshin Himura con el palo de escoba? Pues él no, pero este pechito sí.

Y madre claro que sé que te perturba que algunos de mis amigos (“esos de los amines”, dices) se la pasen bailando canciones de ritmos pegajosos, o que canten en otros idiomas o que deambulen por las calles disfrazados de, sabe Dios, qué engendro de la televisión. ¿Pero sabes? Son chéveres, raros sí (¿quién no lo es?), pero buenas personas en el fondo. Así como tu hijo, con un sentido de la realidad medio distorsionado por ver tantos dibujitos (sí, sí ya me dí cuenta que no puedo usar un jutsu de multiplicación masiva de cuerpos como Naruto para ordenar mi cuarto más rápido), pero con los pies sobre la tierra. Así como Gokú: a medio camino entre el soñador y el hombre responsable.

En fin, madre sé que te gustaría que le pusiera empeño a otras cosas del mismo modo que le dedico horas de horas a esta afición que ya más parece pasión. Quizás sí debería, aunque ¿no me enseñaste que siguiera siempre a mi corazón? Y mi corazón me dice que ya han fansubeado el último episodio de One Piece, pero por este día dejémoslo ahí no más. “Para ganar, algo de igual valor debe perderse. Esa es la ley principal de la alquimia”, dicen en Full Metal Alchemist. Así que por hoy pondré de lado todos mis DVD’s, revistas de historietas y consolas de videojuegos para darte un fuerte abrazo y pasarla contigo mamá.

Feliz día madrecita, de parte de tu hijo que te quiere, aunque te haya salido medio friki.


PD: Un saludo especial a todas las madres por su día. Y tú, hijo malagradecido: salúdala y apapáchala que no todo es mirar anime en esta vida.

De: Jorge Malpartida Tabuchi

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